Respetado Horacio:
Hace tres meses que llevé el curso de meditación contigo, quiero comentarte
que hicimos un experimento mi psicóloga y yo: hicimos el biofedback, me conectaron los electrodos a los dedos, pero en lugar de hacer los
ejercicios de relajación hice mi meditación y..... ¡Sorpresa!, los valores
fueron superiores a los de la relajación y mi puntuación fue de excelencia,
ahora si puedo decir, la meditación funciona y muy bien, mi psicóloga quedo
gratamente sorprendida.
Por otra parte, quiero decirte que poco a poco me están retirando los
medicamentos.
¿Recuerdas que era un poco escéptico?, ya no.
Gracias y que dios te bendiga
Tu alumno
Jerónimo.
Estimado Horacio,
Soy Argentina, también tengo
la nacionalidad Mexicana, vivo en Cancún (México) Me gradué en Argentina de
Contador Público Nacional y Dra. en Ciencias
Económicas. Hice mi curso de Meditación Trascendental y Sidhis, cuando tenía 46
años y no he dejado de practicarla hasta el día de hoy, en que tengo 70 años.
Los resultados son más que
excelentes. Mi día normal comienza con tenis y dos horas como mínimo de
gimnasio, que se compone de yoga y un entrenamiento muy exigente de por ejemplo
2000 abdominales sin parar.
A la noche practico Tae kwon
do, en el grupo de alto rendimiento, donde está la gente que compite. Y hago
combate, siempre con personas que son medio siglo más jóvenes, rompo maderas
con las manos, pies, codos y cabeza.
Creo ser un ejemplo claro de
lo que puede conseguirse meditando, además de toda la realización de sueños
casi imposibles que logré en mi vida. Sobre todo el sentimiento de felicidad
que me invade.
Siento la falta de poder
meditar en conjunto y aquí no hay ningún centro de Meditación Trascendental,
por lo que les ruego que si en algún momento hacen algún seminario en Cancún no
dejen de avisarme. Como yo llevo una vida muy agitada, no siempre tengo tiempo
para leer las noticias.
Un gran saludo,
Dra. Elisabeth Sust
Hola Horacio...
Antes que nada quiero darte las gracias por abrirme los ojos a todo lo que
puedo obtener de la MVM. Desde el primer día dejé de sentirme mal.... como
llevaba haciéndolo mucho tiempo atrás... aún tengo muchas "culpas"
que sanar y dejar de lado pero cada dia se me hace
menos difícil... Ahora, hasta puedo hablar de mis problemas sin romper en
llanto... me siento bien, tranquila, y con la fuerza para encontrar lo que me
hace realmente feliz...
Estoy convencida de que no voy a dejar de
meditar nunca...
gracias ...
Angeles
Hola Horacio:
Yo tomé el curso contigo de la MVM hace año y
medio, sin embargo, no fue sino hasta hace un mes que he inicié con el hábito de
meditar diariamente (hasta ahora no he fallado un sólo día). Los resultados han
sido "EXCELENTES", pero considero que pueden ser "MIL VECES
MEJOR". Tonto de mí por no haber seguido este hábito desde que tomé el
curso.
Gracias mil, TG.
Que tal
Horacio:
Simplemente quiero darte las gracias por compartir
tus conocimientos, y comentarte que desde el primer día sentí un cambio, pero
que cada día fui experimentando más y más sensaciones agradables, pero para ser
honesto no fue hasta el día de hoy jueves que realmente estoy experimentando
una felicidad y unas ganas de hacer todo lo antes era rutina y tedioso, con
gran entusiasmo y lo mejor de todo disfruto hacerlo, ya no existe el estrés ni
las presiones, ni preocupaciones y simplemente estoy gozando de la vida, en
verdad no recuerdo haberme sentido así antes. Lo impresionante es que solo
llevo 4 días meditando, no me imagino que será cuando lleve 1 año. En
verdad que estoy muy contento y agradecido. ¿Recuerdas que al principio
tenia mis dudas? Pues ahora estoy completamente convencido de que esto es lo
que estaba buscando y seguro de que nunca lo voy a dejar. Una vez más
"muchas gracias".
Comencé
mi meditación; siempre tuve temor, no sé por qué, a meditar. No quería perder
el control de la situación. Lo cierto es que en esta ocasión me dejé llevar. Y
sucedió algo totalmente inesperado. Me sentí jugando con la Naturaleza. Nada
solemne: humor, ligereza, y un ambiente festivo. Una sensación parecida a la
que alguna vez he experimentado al jugar en el agua. Eres tú, pero fundido en
el entorno. Te dejas revolcar, y todo es alegría y broma. Como un juego de
niños. Ausencia de pesantez. Carencia de huesos. Y todo es liviano, ligero. Un
placer al dejarte mecer dentro de todas esas fuerzas que tú creías ajenas, y
que son parte de ti. Cayó la imaginaria barrera y ahora tengo unos maravillosos
e indescriptibles amigos. Ya no volveré a estar solo ni triste.
La sutil y contundente diferencia: fluir.
Llegué por aquello de la esperanza, que es lo último que muere, pero
sin Creer que podría acceder a otros niveles de conciencia. Hice muchas
preguntas que apaciguaron a mi cabeza y a mi ego. Y entonces medité. No hubo
silencio —ni lo hay aún— pero sí un descanso que yo no conocía y del que tenía nostalgia. Veía
a los otros, quienes, tras una siesta, deporte, un baño de vapor, un masaje o
una sentida oración, decían sentirse nuevos, relajados y —sí— se les veía lustrosos, felices, como si dijeran la verdad. Yo no.
Carecía de energía, pero había que seguir adelante y era mi cabeza la que me
impulsaba --la fuerza de voluntad-- al estudio, al trabajo, a la limpieza, al cuidado
de los niños. Y ahora --cuando todavía no soy un ángel guardián de mi prójimo--
ya hago todo por y con gusto, con placer de moverme y de ser.
Cada día me parezco más a quien siento que vive en mí y me alienta. Medito
desde el 14 de mayo, apenas seis meses, y tengo una actitud hacia la vida más
serena y más activa. Soy feliz.
Mi hija de cuatro años también medita. Luego de repetir su palabrita de
la sabiduría, hace poco me dijo: “Mamá, ya sé que Dios hizo al mundo jugando. Dios es feliz y se divierte”.
Rocío
¿BÚSQUEDA?
¿Qué si busqué? no, nunca lo hice, estaba
convencida que lo que vivía era transitorio; esto es: se me presentaba un mundo
que me parecía incompleto, porque era pensando en el futuro y recordando y repitiendo
el pasado, me daba cuenta que la gente no pisaba el presente, vivían en el
temor y la incertidumbre; yo me sentía espectadora aún siguiendo sus
lineamientos y sus costumbres, pero espectadora porque sabía que no era así
como yo iba a vivir la vida: la vida verdadera. ¿Era infeliz? no,
¿luchaba? un poco, ¿no encontraba satisfacciones? ¡Si, muchas! Entonces, ¿cómo
cambiar ese mundo? vivía lo mejor que podía,
y... esperaba ¿Qué cosa? la magia, ¡sí, esperaba la magia, la revelación!
dicen que todo llega en su momento, yo esperaba “ese” momento, tenía la certeza
de que llegaría; me tenía que encontrar bien preparada.
Llegué por
casualidad, tomé el curso de la Meditación de Maharishi, y ahí
fue; se me presentó un mundo de posibilidades infinitas, de felicidad total,
desde la primera meditación lo sentí; contacté
la fuente de la
vida, la inteligencia que crea todo y se encontraba dentro de mí,
sólo pude expresar: ¡gracias Dios mío!, yo sabía que esto existía.
Mariana
Antropólogas,
sicólogas, sociólogas, estudiosas de la especialidad género. Ellas y
otras investigadoras averiguan cómo condiciona la sociedad a la mujer, de modo
que la restringe en un modelo. Las mujeres lo siguen primero por imitación, luego
por persuasión (en caso de una educación “amable”) o por imposición (en el de
una educación “dura”) y, finalmente, por el deber que se imponen a sí mismas.
Tensión, pues. La vida se les viene encima y, el día que toman conciencia,
“tienen” que atender a un esposo, “tienen” que instruir y educar hijos,
“tienen” un trabajo que las reclama, quizá un deporte que practicar... y hasta
los pasatiempos se convierten en deber. La mujer, así, se mira encerrada en una
trampa, sea cual fuere su decisión. Si tiene hijos, le restringen el tiempo
para trabajar y divertirse. Si decide sólo hacer carrera, no se realiza como
madre y esposa; si opta por dedicarse a Dios, no siempre lo encuentra.
El
asunto, dicen las investigadoras, es que la mujer no es feliz. No fluye, dicen,
para dedicarse a todo lo que le gustaría con una sonrisa, con plenitud. Muy
pocas están “de buenas” al coser calcetines, poner curitas, escribir en la
computadora y “apapachar” al esposo. Las investigadoras afirman que es
absolutamente necesario que la mujer pase de una actividad a la otra con mucha
facilidad, y que esta capacidad es la que privará en el futuro. Y las mujeres
se ven tan lejos de esa fluidez que, las mejores, se asustan, tratan, luchan
para alcanzar con terapias y otras magias esa vida que suena a quimera; y
quienes de plano no pueden permanecen indiferentes ante lo que será un “sí o
sí” del próximo siglo.
Yo,
meditadora, me veo en mi fantasía llamando a gritos a investigadoras y a todas
las mujeres “¡Vengan por aquí, por aquí hay un atajo!” Siempre soñé con fluir y
hacerlo todo: llevar una casa, tener un compañero a quien querer, unos hijos a
quienes guiar, un trabajo interesante, deporte, pasatiempos, y todo hacerlo con
felicidad, con gusto, con amor. Pero el sentido del deber me generaba tensión y
ella me acortaba las energías disponibles para realizar mis sueños. Entonces
comencé a meditar. Como si me hubieran puesto aceite en la mente y en el
cuerpo, he comenzado a fluir mejor, cada día mejor. Estoy sensiblemente menos
irritable, duermo mejor, me levanto descansada y alerta. Me he descubierto incluso una sonrisa cuando lavo
la estufa. Comienzo a ser como quiero y estoy feliz por ello.
Una meditadora.
Cuando escuché
de labios del profesor de la Meditación Védica Maharishi qué: “la vida es
felicidad”, me pregunté ¿por qué entonces me la he pasado sufriendo y
luchando con tanto empeño? Daban vueltas en mi cabeza las recomendaciones que
mis padres me hicieron —sé fuerte, no caigas y lucha por la vida—. No entendía,
me sonaba hueco, pero haciendo caso a los consejos de mis padres me dije: no
lo tires, pruébalo, ésta puede ser la oportunidad para sacar fuerzas, para
evitar la caída y seguir luchando por tu vida.
Resultó
ser la cosa más fácil del mundo. Además, no tuve que luchar, no representó nada
de esfuerzo y así, como sin querer, se me empezó a dar todo; los beneficios
vienen rápidamente, uno tras otro. Eso me hace sonreír todos los días, ha sido
un regalo de Dios y, “un regalo de Dios es algo sumamente bueno como para
guardarlo para uno mismo”. Soy muy afortunado y estoy muy agradecido, es
por eso que escribo esta carta para así compartir con todos mi regalo, un
regalo que ha transformado mi vida, un regalo que también pueden recibir los
demás con solo permitirse aprender la Meditación Védica Maharishi, y, así,
percatarse cada uno por propia experiencia que no se debería de sufrir más, que
cada día se puede sentir una mayor felicidad y que esta plenitud la pueden gozar
todos los hombres de la tierra.
¡Muchas
felicidades!
José
Antes de practicar la Meditación Védica Maharishi era una persona con
muchos problemas nerviosos y emocionales; a pesar de acudir constantemente con diferentes
especialistas en la materia (médicos, psicólogos y psiquiatras) no logré
superar estos malestares.
Cuando
escuché todos los beneficios que otorga la Meditación Védica Maharishi, tuve la
esperanza de no sufrir más y me di la oportunidad de conocerla. Efectivamente,
al empezar a practicar la Meditación de Maharishi, resultó muy fácil y los
resultados fueron rápidos; mi vida empezó a cambiar tanto física, emocional,
fisiológica, psicológica como socialmente. Cada día me siento mejor.
Ahora el
sufrimiento ha quedado atrás. ¡He vuelto a nacer! Me siento con más energía,
duermo mejor, soy menos irritable, mi carácter ha mejorado bastante, soy más
alegre, tengo más amigos, en fin, todos los beneficios que escuché por primera
vez en la charla introductoria.
Me siento
muy afortunada y le doy gracias a Dios de haberme guiado por el camino correcto
para alcanzar la felicidad (Meditación Védica Maharishi). Por eso invito a toda
la gente a que, así como yo, se den la oportunidad de llevar una vida más
plena, que no sufran más y vivan en armonía con la naturaleza.
Concepción Béistegui 1862
Col. Narvarte
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